Imagen de archivo de la cárcel de Palma. | Alejandro Sepúlveda

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Un compañero de módulo del fallecido avisó con una carta a la anterior directora de la cárcel de Palma, Andrea Romero. «Sra. directora: El interno nuevo en el módulo llamado Miguel me ha dicho que esta noche se va a suicidar. Por otro lado (ruego) que al interno le vea el médico ya que va muy drogado». Fue el 22 de noviembre de 2016. Al final de su solicitud añade: «Haga usted un cacheo general. Hay mucha droga». El mismo día envió otras dos instancias al servicio médico de urgencia del centro penitenciario y al subdirector de seguridad.

Miguel, su compañero, apareció muerto en su celda, del módulo 3, en Nochebuena. El preso tenía 34 años. El Grupo de Homicidios de la Policía Nacional barajó dos hipótesis. Muerte natural o sobredosis por consumo de drogas.

El Equipo 25.2, capitaneado por el abogado Coco Campaner, ha denunciado a los funcionarios del módulo 3 que trabajaron los días 22 y 23 de diciembre del año pasado. Les acusa de omisión del deber de socorro y/o de homicidio por imprudencia grave.

Un forense acudió a la cárcel para inspeccionar la celda y el cuerpo sin vida del interno. El juzgado de guardia autorizó el levantamiento del cadáver y se le practicó la autopsia. El letrado Coco Campaner desconoce la conclusión del médico forense.