Norman Kember, británico, y James Loney y Harmeeth Singh Sooden,
ambos canadienses, fueron secuestrados el pasado noviembre en
Bagdad junto al estadounidense Matthew Fox, cuyo cuerpo sin vida
apareció en la capital iraquí hace dos semanas. Kember, de 74 años,
se encontraba en «condiciones razonables», mientras que los otros
dos rehenes fueron trasladados a un hospital.
Un portavoz del Ejército estadounidense explicó que los rehenes
habían sido capturados por una «banda dedicada al secuestro», y que
el rescate se consiguió gracias a una pista dada por un hombre que
había sido capturado por los estadounidenses unas horas antes.
El Ministerio iraquí del Interior afirmó que los cautivos fueron
rescatados en una operación conjunta en una zona rural al noroeste
de Bagdad entre los pueblos de Mishahda y Abu Ghraib, a 30
kilómetros de la capital iraquí.
El vicedirector de Christian Peacemakers Teams, Doug Pritchard,
aseguró en Toronto (Canadá) que los secuestradores no estaban
presentes cuando los soldados liberaron a los rehenes, quienes se
encontraban maniatados.
El ministro británico de Asuntos Exteriores, Jack Straw, aseguró
ayer que la operación de rescate ha sido el fruto de «semanas de
trabajo cuidadoso realizado por personal civil y militar, tanto de
fuerzas de la coalición como iraquíes». «En todo caso, para todo el
mundo supone una gran tristeza el hecho de que el señor Fox fuera
asesinado», añadió el jefe de la diplomacia británica.
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