Pequeños y reales navegantes

La Reina siguió, con sus nietos, la primera regata en la bahía de Palma

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Pablo Nicolás y Juan Valentín, hijos de los duques de Palma, disfrutaron. Foto: REUTERS

Pablo Nicolás y Juan Valentín, hijos de los duques de Palma, disfrutaron. Foto: REUTERS

No hubo sorpresas. Los que llevamos muchos años siguiendo la Copa del Rey, lo intuíamos. Seguro que hoy "ayer para el lector" cuando la madre, el abuelo y el tío estén en la mar, compitiendo, la abuela con los nietos y yerno, a bordo de la «Llamp», seguro que no se lo pierden. Y así fue. Poco antes de dar comienzo la primera prueba de una Copa que definitivamente ha alcanzado su madurez y que se ha consolidado entre las mejores del mundo, la «Llamp» hizo su aparición en el campo de regatas.

Y a bordo estaban ellos, la reina doña Sofía, sus nietos, Juanito y Pablo Nicolás, y el duque de Palma Iñaki Urdangarín, su padre. A los niños, aparte de crecidos, se les ve muy espabilados. El mayor, imitando a su padre, se colocó ante sus ojos los prismáticos. Luego, su progenitor le puso unas gafas que le ocuparon casi toda su carita. La Reina, que a ratos cogía a Juan, a ratos a Pablo Nicolás, no cabía de gozo, y al mostrarlos, pues seguro que se había apercibido que estaban rodeados de fotógrafos, parecía como si quisiera transmitir la inmensa felicidad que sentía en aquellos momentos. Después, atrayendo su atención, les señalaba hacia el lugar donde se encontraba el barco de su madre, de su tío o de su abuelo, ya metido en faena. Poco antes de las dos, regresaron a la base naval de Portopí.

Pero por la tarde hubo más. Poco antes de que los barcos llegaran a puerto, la Reina, su nieto Juanito y el padre de éste, Iñaki Urdangarín, hicieron su entrada en el Club Náutico, organizándose un gran revuelo. La madre y el pequeño calzaban las típicas abarcas, sandalias menorquinas. Iban a dar la bienvenida a la madre, abuelo y tío, que regresaban de regatear. Permanecieron en el interior de las instalaciones por espacio de media hora. Juanito reaparece de la mano de la abuela y de su padre. Luego le coge su madre, con quien camina por encima de la acera, y se queda mirando a los fotógrafos. Por último, entre el tío y el padre, le ayudan a entrar en el coche.

Pedro Prieto

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