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Un boliviano de 30 años fue atado con alambre de espino y quemado vivo en una fosa por una turba que lo acusó de haber violado y asesinado hace un mes a una mujer en un pueblo del este de Bolivia, informaron hoy fuentes oficiales.

El director de la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen del pueblo de Montero, coronel Octavio Gutiérrez, dijo a los medios que en las pasadas horas se recuperó de la fosa el cadáver del hombre, identificado como Darío Ribero Maldonado.

El hombre era buscado como sospechoso de la violación y el asesinato de una mujer, suceso ocurrido el 25 de mayo.

La policía retiró el cuerpo del cementerio de una comunidad campesina de Montero, donde fue hallado maniatado y calcinado dentro de una fosa común, indica hoy el diario El Mundo de la región de Santa Cruz en su edición digital.

El hombre volvió a esa comunidad el lunes tras haber desaparecido desde el 25 de mayo y fue capturado por la turba, que lo torturó en una escuela antes de llevarlo al cementerio, donde le prendió fuego, según la información oficial.

La policía indicó que tuvo dificultades para la recuperación del cuerpo debido a la actitud hostil de los vecinos de la comunidad y no han podido hacer las investigaciones sobre los autores del crimen.

Los linchamientos de supuestos delincuentes en Bolivia son frecuentes y, según han advertido los juristas, muestran que en el país rige una pena de muerte de facto aplicada por muchedumbres.

Las turbas siempre argumentan que aplican la llamada justicia comunitaria, reconocida en la Constitución, pero las autoridades bolivianas y organismos internacionales, como Naciones Unidas, han mostrado su preocupación por esas actuaciones criminales porque el concepto de justicia indígena no establece la pena de muerte.

Según organizaciones de defensa de los derechos humanos, en Bolivia se producen entre diez y veinte casos de linchamiento consumado cada año y una cifra mayor de intentos.