Agentes de la Policía Nacional durante los controles del viernes por la tarde en una calle de Son Gotleu. | Alejandro Sepúlveda

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De día y de noche. De uniforme y de paisano. La Policía Nacional ha tomado la barriada palmesana de Son Gotleu, donde viven los dos clanes gitanos que protagonizaron el tiroteo de Son Costa, para evitar un baño de sangre. La tensión es máxima y en medio de este polvorín el mensaje policial es claro: mientras sigan los enfrentamientos cada calle estará vigilada las 24 horas.

Los agentes están llevando a cabo una táctica conjunta de controles relámpago y presencia estática. Son conscientes de que hoy en día, con las nuevas tecnologías y las aplicaciones del móvil, se puede alertar de un control en cuestión de segundos, por lo que han optado por operativos muy rápidos. Cortan, de improviso una calle, y registran el interior de los coches atrapados, en busca de armas de fuego. Después, antes de que den la voz de alarma, se levanta el dispositivo y se trasladan a otro punto.

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Infiltrados

Pero los uniformados no son los únicos agentes presentes estos días en Son Gotleu. Hay numerosos infiltrados que van de paisano y se hacen pasar por nuevos residentes. Observan y escuchan, para informar de cualquier eventualidad. No es la primera vez que la Jefatura palmesana se enfrenta a un escenario como el actual. El 21 de mayo pasado se registró otro tiroteo en Palma entre los dos clanes gitanos, que dejó un herido de bala. La respuesta policial fue contundente y se detuvo a ocho implicados. El 4 de diciembre, se registró otro incidente similar, y cayeron cuatro miembros de un clan. Esta semana, en la barriada de Son Costa, junto a Son Oliva, se cruzaron tiros desde un piso y un Porsche Cayanne y uno de los acusados ya está en prisión.

Los tiradores tienen muy mala puntería y los investigadores temen que una bala perdida alcance a algún vecino en plena calle o en su casa. Ahora, además, una de las prioridades policiales es descubrir los zulos donde las familias gitanas esconden las armas de fuego, principalmente pistolas de calibre corto y escopetas. Las fuentes consultadas indicaron que la única forma de que no haya otro estallido violento entre estas familias es que un juez ordene el destierro de Mallorca de ambas.