El escritor Víctor del Árbol | Europa Press

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El escritor barcelonés Víctor del Árbol regresa a la novela negra con 'Nada en esta tierra' (Destino), una novela en la que retrata la lucha y heroísmo de un inspector de policía contra el poder: «Ya no veneramos a los héroes de verdad, solo a los vencedores».

En una entrevista con Europa Press, ha asegurado que «lo heroico no tiene que ver con la victoria, sino con hacer lo correcto», y ha dicho que en la novela ha querido hacer una reflexión sobre la gente que tiene el poder y qué significa el poder de verdad.

En la novela, el inspector Julián Leal, enfermo y expedientado por agredir a un miembro de la alta sociedad, regresa al pueblo gallego en el que creció, al tiempo que empiezan a aparecer cadáveres que pueden tener relación con él, que originan una investigación en la que deberá rendir cuentas a su presente y su pasado.

Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) ha afirmado que el inspector tiene que demostrar su inocencia ante un «sistema corrupto que lo quiere como cabeza de turco», y ha sostenido que para él el personaje es un héroe que quiere salvar a un niño y de paso a todos los niños del mundo.

El escritor ha remarcado que ha querido mostrar que «el poder no tiene dueño, tiene esclavos, usa la ambición de la gente para preservarse a si mismo», y ha subrayado que el poder tiene que ver con la impunidad y la falta del sentido de la ética.

En ese enfrentamiento contra el poder, ha afirmado Del Árbol, el inspector sabe que va a perder para que otros ganen, y ha subrayado que es como el arquetipo heroico que es Héctor y el del poder que es Aquiles: «Héctor se enfrenta a Aquiles sabiendo qué va a pasar, va a morir, sabiendo que no puede hacer otra cosa para salvar a su ciudad».

Para Del Árbol, «lo más hermoso del ser humano es la voluntad de libertad frente al poder, esos héroes sin épica que siguen haciendo lo correcto», y ha reprochado que se han normalizado aspectos como la precariedad, la mentira o el cinismo.

Viaje al pasado

En la novela, publicada esta semana, el inspector se enfrenta a su pasado en el que su padre falleció en el incendio de su casa en el pueblo, y el escritor ha afirmado que la novela refleja que en ocasiones regresar a un «pasado mitológico es peligroso, a veces es mejor dejarlo como está» ya que busca sus raíces para equilibrarse y se encuentra una realidad hostil.

Del Árbol, autor de novelas como 'Un millón de gotas' y el Premio Nadal 'La víspera de casi todo', ha remarcado que la llegada del inspector a su pueblo de la infancia muestra esa actitud tan propia de la sociedad de «no remover el pasado para no responder preguntas que incomoden».

Preguntado por la tendencia a escenarios rurales en la novela actual, ha afirmado que la novela negra ha evolucionado y si antes estaba centrada en los bajos fondos urbanos ahora ha «mutado a una confluencia de lo rural a lo urbano», por su fuerte contraste, y que el norte de España le permitía esa combinación aderezada con el misterio de sus paisajes.

Novela de policías

El escritor ha remarcado que le apetecía volver al género policíaco y escribir por primera vez con un policía como protagonista, y ha remarcado que ha intentado rehuir el arquetipo y mostrar un «modelo más cercano a la realidad» con los diferentes modelos en los personajes, desde el agente vocacional hasta el que solo busca medrar dentro del sistema.

Del Árbol ha subrayado que en ese abanico de diferentes modelos de policía a todos ellos les ha dado la oportunidad de «hacer lo correcto» en algún momento de la novela, y ha dicho que Leal es un buen policía pero que confunde ley con justicia, que no siempre buscan lo mismo ya que la primera busca un canon de convivencia y la segunda es un sentimiento innato.

Amante de las series, Del Árbol ha afirmado que la literatura es diferente, ya que en la televisión se es un mero espectador de arquetipos que funcionan para una historia, mientras que la literatura usa esos arquetipos para que el lector «se convierta en protagonista y saque sus propias conclusiones».

«Cuando leo, el escritor me está guiando, pero soy yo con mi imaginación quien construye el universo», ha remarcado Del Árbol, quien se ha mostrado totalmente contrario al discurso de que la literatura está muerta, señalando que mientras existan conflictos humanos habrá necesidad de contarlos.