La Cueva Pintada de Gáldar es uno de los yacimientos prehispánicos más importantes del archipiélago canario. | R.D.

TW
9

La crónicas antiguas sobre Canarias hablan de la presencia de navegantes mallorquines en las Islas Afortunadas a finales de la Edad Media, antes del desembarco definitivo en ellas de Castilla, pero ese episodio carecía de pruebas físicas que lo corroboraran, hasta ahora.

El Cabildo de Gran Canaria ha hecho público este martes un estudio que demuestra que una de las 70 monedas recuperadas a lo largo de los últimos años en la Cueva Pintada de Gáldar, uno de los yacimientos prehispánicos más importantes del archipiélago, no es castellana ni portuguesa, sino aragonesa, como ya se sospechaba hace tiempo, porque en una de sus caras se adivina la cruz patriarcal.

Sin embargo, los responsables de la Cueva Pintada no habían profundizado más en su estudio, porque daban por hecho que fue acuñada durante el reinado de Fernando II de Aragón -es decir, Fernando el Católico- y procedía, por tanto, de los tiempos de la conquista de Gran Canaria (finales del s. XV), como el resto de monedas del yacimiento (reales castellanos y ceutíes portugueses).

Los especialistas en la historia prehispánica de Canarias suelen aceptar que en los siglos previos a la conquista de las islas por Castilla estas ya eran visitadas con cierta regularidad por navegantes, aventureros y misioneros mallorquines, que incluso fundaron en Telde en 1351 el Obispado de las Islas de la Fortuna para velar por los aborígenes convertidos al cristianismo.

La investigadora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria María del Cristo González y el arqueólogo del Cabildo de Gran Canaria Javier Velasco han resaltado que de esas visitas hay varios testimonios históricos escritos, pero se asumía que no habían dejado vestigio físico alguno conocido.

Y ello, con la paradoja de que la moneda aragonesa que demuestra ese vínculo entre los dos archipiélagos a finales de la Edad Media estaba en las estanterías del Museo de la Cueva Pintada de Gáldar desde 1991, cuando se encontró durante unas excavaciones.

González ha explicado que ha sido ahora, durante una restauración de esa moneda, que se encuentra muy deteriorada, cuando se ha descubierto que es mucho más antigua de lo que se pensaba y corresponde a los tiempos de Jaime II de Aragón, rey de 1291 a 1327.

Los elementos iconográficos que se han descubierto en la moneda y, sobre todo, el análisis de su aleación han determinado que fue acusada un siglo antes de la conquista de Gran Canaria.

¿Cómo llegó esa moneda a Gáldar, la capital prehispánica de la isla, el baluarte del poder de los guanartemes, los reyes aborígenes? Los expertos descartan que lo hicieran después de la Conquista, en el bolsillo de los soldados o colonos castellanos.

González y Velasco coinciden en que no tiene sentido, porque de nada le serviría a un colono castellano una moneda antigua, de otro reino y que no era de curso legal en aquellos tiempos. Por ello, a falta de pruebas directas del trayecto que siguió, consideran que la explicación más plausible apunta los navegantes mallorquines.

Si es así, ¿qué hacía una moneda en el centro histórico de una sociedad donde el comercio se basaba en el trueque de bienes y que no utilizaba el dinero en sus intercambios con los europeos?

La investigadora de la ULPGC sostiene que los antiguos canarios guardaban esas monedas como símbolo de prestigio, como objetos que daban a su poseedor cierta categoría o respeto social.

El análisis metalográfico que ha hecho el CSIC de esa moneda parece apuntalar esa hipótesis, porque ha revelado que es diferente al resto de las que se acuñaron con esas características durante el reinado de Jaime II de Aragón. Esta fue «forrada» en plata, como si alguien hubiera querido darle así más valor, no simplemente bañada levemente en ese metal para darle brillo, precisa González.

«La arqueología sirve para confirmar hipótesis, para matizarlas o, sencillamente, para rebatirlas», ha señalado este martes el coordinador general de Cultura del Cabildo de Gran Canaria, Larry Álvarez.

Así que, a la luz de este descubrimiento, el Museo de la Cueva Pintada va a revisar otros elementos recuperados en el yacimiento que se han atribuido a los tiempos de la conquista (como algunas cerámicas) para averiguar si todos son castellanos o si, «mirándolos con otros ojos», se puede observar en ellos un origen distinto.