Imagen de una intervención de la Policía Local en la Platja de Palma. | Pere Morell

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«Esta ha sido la peor temporada en materia de seguridad». Los hoteleros de Playa de Palma han explotado contra la impunidad de la delincuencia y el incivismo en la zona. Llueve sobre mojado, pero las cotas alcanzadas este verano superan todos los registros, una situación alimentada por la inacción de la Administración pública, a la que acusan de demorar o archivar por sistema las docenas de denuncias que llegan a sus oficinas, sean policiales o de particulares.

Un despacho profesional de investigadores privados contratado por la Asociación de Hoteleros de Playa de Palma realizó un informe que reflejaba que se habían detectado un total de 514 infracciones en tan solo 12 horas: venta de comida y ventas alcohólicas fuera del horario permitido o por establecimientos no autorizados, prácticas denigrantes (sexo en la calle, peleas, botellones...), fiestas ilegales en embarcaciones... Con todo, el mayor número de incidencias observadas (un total de 308) hacían referencia a «prácticas ilegales», concretamente de tráfico de drogas.

Se ha dado también la situación de que policías locales han llegado a pedir el cierre cautelar de algunos establecimientos, de ocio o comerciales, por incumplimientos flagrantes de la ley contra el turismo de excesos, sin obtener respuesta alguna por parte de la administración competente.
«Nunca prosperan»

«Extrañamente nunca prospera, y eso da una sensación de impunidad a los infractores que va en aumento», señala el vicepresidente de la Asociación, José Antonio Fernández de Alarcón, para añadir que a través de los servicios del despacho de investigadores (ya fue contratado la temporada pasada) «hemos tenido que ir demostrando todo lo que sucede ahí» mediante exhaustivas pruebas documentales. Sin embargo, «nadie tiene la más mínima intención de actuar».

Con respecto al tráfico de drogas, la dinámica pendular del menudeo entre Magaluf y Playa de Palma ha perdido fuerza este verano, ya que, se quejan, el clima de mayor permisividad en la segunda zona le ha llevado a incrementar la concentración este tipo de prácticas. De hecho, los investigadores destacan en su informe que muchas de las prostitutas detectadas en la temporada alta en Playa de Palma fueron detectadas también en la zona de Magaluf en el mes de junio. «Si las bandas ven que no se actúa, se van incorporando más a la zona porque se sienten impunes», lamenta Fernández.

Asimismo, admite que aunque tienen la tentación de achacar al periodo de transición política que Ajuntament de Palma y Consell de Mallorca han vivido este verano, lo cierto es que se trata de una situación que viene de lejos, aunque esta temporada haya llevado al límite a residentes y empresarios de la zona.

Según explica Toni Mut, abogado de la asociación hotelera, las denuncias llevadas que se interponen parecen toparse con un muro administrativo que acaba por relegarlas al olvido. Por ejemplo, dentro de cuatro denuncias presentadas ante el Consell contra establecimientos comerciales que operan pasadas las 21.30 horas, tres de ellas fueron archivadas de forma consecutiva bajo el epígrafe «finalizado por otras causas», mientras que la cuarta se archivó al cabo de unos días. Por otro lado, varias denuncias sobre venta ambulante presentadas en Cort no llegaron a ser recogidas por la oficina municipal hasta un mes después.

Asimismo, en muchas ocasiones la administración se encuentra con infractores -los propios vendedores ambulantes- que son insolventes, por lo que no prospera ningún tipo de sanción económica sobre los mismos. «Parece que siempre hay alguien que pone trabas, y si no se actúa ya y de verdad, la degradación de la zona tirará por tierra todo el esfuerzo y la inversión que se ha hecho en estos últimos años», advierte Fernández.