Camil Casanovas, posa divertido cerca de Son Dureta, primer hospital en incorporar un payaso. | Pere Bota

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Camil Casanovas ha tenido varias caras, y no es que sea un tío con jeta. Empezó en el mundo del arte circense bajo el alter ego payaso Milu. Era 1888 y había dejado su Catalunya natal para emplazarse en Mallorca. Ese personaje evolucionó cuando un día lluvioso de 1994, en la calle Jaime III, una mujer le dejó un papel con un teléfono: «Llamé era Marta Prats, una auxiliar de enfermería de Son Dureta». Le puso en contacto con el equipo de Sonrisa Médica. No dudó en colaborar con ellos y en convertirse en el primer payaso de un hospital en España: el Enfermero Aspirino, «un mero enfermero, pero más merluzo que mero», bromea.

Han pasado 30 años desde su primera intervención. A los pocos meses, Marta Prats –la mujer de la llamada– y Enrique de las Heras se convirtieron en Estrellita Vitaminas y en Dr. Carabassí. Entre los tres, formaron el primer equipo de payasos. «Aprendimos a ser payasos de hospital viendo vídeos de compañeros de Sonrisa Médica en Francia (pioneros en el mundo), del Institut Gustave Roussy. De hecho, fuimos a visitarlos en alguna ocasión para saber cómo trabajaban», recuerda.

Con los años, Sonrisa Médica, el proyecto que fundó Miquel Borràs en Palma, se consolidó, aunque no todos veían al payaso de hospital como algo bueno: «Recuerdo a una doctora que nos miraba por encima del hombro por lo que hacíamos. Sin embargo, su hija se puso enferma y desde ahí se disculpó y nos dijo que ahora entendía nuestro trabajo».

Lo más duro

Hay momentos que no hacen falta describir, como las numerosas despedidas a las que se ha enfrentado Aspirino en sus 30 años como payaso de hospital. Pero sí quiere mencionar uno en especial, que fue la muerte de Laura, la hija del fundador de Sonrisa Médica, Miquel Borràs. Una noticia que conmocionó a todo el equipo y a Son Dureta. Por eso, Camil, o Enfermero Aspirino, o Aspirino a secas, es consciente de la importancia de la formación para estos artistas.

Detrás de una mala noticia, tiene claro que la medicina más eficaz es la sonrisa. «En los hospitales se debería reír. A día de hoy, hay estudios que determinan que la risa favorece las endorfinas y el sistema inmunológico», y cree que «nos encontramos a niños en fase terminal, con morfina en sangre, llenos de irritabilidad. Nosotros, los payasos, éramos los que podíamos mitigar el dolor durante un rato», defiende. Camil considera que «este era mi destino: ser payaso. Si alguno quiere crecimiento personal, que se dedique a esto, pues es una lección de vida».

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Su espíritu servicial le ha acompañado durante toda su vida. Aspirino quería ser músico, luego poeta, actor y finalmente ese quedó de payaso. En Mallorca, fundó, junto a su mujer, la compañía de teatro Dada Gugu, que todavía sigue en marcha y hacen teatro.

A día de hoy, Sonrisa Médica cuenta con 25 payasos que actúan en todos los hospitales, y algunos centros residenciales, de Baleares. Estos profesionales artísticos visitan en una jornada alrededor de 50 niños hospitalizados. En una semana, un payaso realiza entre dos y tres intervenciones. Aparte, la entidad forma mensualmente en diversas disciplinas, como música, sanidad o prevención de riesgos, y cuentan con sesiones psicológicas.